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Edición #5231 |  Ecuador, domingo, 16 de junio de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores

MIGRACIÓN: EL DIFÍCIL CAMINO PARA LLEGAR A ESTADOS UNIDOS

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EL TELÉGRAFO

Mauro Gavilanes vive hoy en los Estados Unidos e incluso ya formó una familia en ese país. Él migró en busca de “mejores días” y no le ha ido mal, cree que tuvo mucha suerte en su viaje al norte del continente. En 1994 tomó la decisión de viajar pese a que sus padres no estaban de acuerdo y le pedían que se quede en la ciudad de Cuenca.

Una vez definida su situación buscó a una persona que lo ayude en su viaje, pues en ese entonces tuvo que pagar $ 6 mil. “Era mucho dinero para invertir en un viaje que no sabía si tenía o no un final feliz”, consideró. Tras salir de Cuenca llegó a Quito, donde tomó un vuelo internacional que lo dejaría en Guatemala. Luego de su llegada a Centroamérica con seis cuencanos más se hizo cargo del grupo, puesto que “el pasador” o también llamado “coyote” los abandonó en Quito, luego de darles una serie de indicaciones.

Cuando estábamos en el aeropuerto y luego de darnos las instrucciones, manifestó que se había olvidado su pasaporte y que después nos alcanzaría en Guatemala”, señaló Gavilanes. Desde este país se emprendió un viaje por el mar, “nos anticiparon que iríamos en lancha y que no debíamos ni siquiera sacar la mano”, “luego nos dimos cuenta del porqué, pues la lancha a motor iba a 140 km por hora como promedio”, expresó el hoy residente de EE.UU. en diálogo con EL TELÉGRAFO.

Al llegar a tierras mexicanas se dirigieron hasta el Distrito Federal (México) donde se cambiaron de ropa y descansaron. “Seguíamos al pie de la letra las instrucciones del pasador”, agregó Mauro Gavilanes. En esa ciudad teníamos que hablar con taxistas para que nos lleven a la terminal terrestre, luego hallar hoteles no tan caros y buscar personas que te den cabida hasta que lleguen los “jefes”.

“Posteriormente arribamos a Morelia (México) y desde allí el coyote de Centroamérica tomó contacto y nos trasladó en un avión hasta Tijuana para sacarnos inmediatamente a la frontera, al sector de San Diego. Había que caminar trechos muy largos -recordó-, los mismos que les tomaba no menos de 12 horas de caminata. Había que llevar una mochila con lo más elemental y cuando te vigilaban con el faro las patrullas, había  que botarse al piso o meterse a los matorrales”, contó el exmigrante cuencano.

Una vez en San Diego-Estados Unidos, los migrantes cruzaron autopistas y llegaron a un sitio ya previsto por ellos, donde les esperaba una camioneta para embarcarlos. Para el exmigrante el viaje fue de suerte, comparado con las historias que cuenta el resto de compatriotas que viven en Estados Unidos. “Más nos tardamos esperando a la gente en Guatemala (migrantes), que el recorrido del viaje mismo”, expresó.

Indicó que los coyoteros nunca avanzan a la frontera con una o dos personas, siempre hacen con el grupo porque tienen que cobrar. “Nunca tuve miedo, solo estaba decidido en llegar a Estados Unidos”, dijo.

Gavilanes agregó que en San Diego lo embarcaron en un carro pequeño y fueron hasta un hotel donde los dejaron para que puedan seguir avanzando al interior de Estados Unidos. “Como me faltaba pagar $ 3 mil me presionaban para poderme comprar el ticket de vuelo interno e ir hasta Nueva York”, manifestó. “Lo mío fue una aventura, pero hay historias peores”, acotó.

Para Gavilanes viajar a Estados Unidos por la frontera y de manera ilegal es todo un riesgo en los actuales momentos. El cuencano cree que se debe buscar la forma legal, primero para cuidar su vida y luego para no ser estafados, en muchos casos, por los “pasadores” que es una cadena que comienza en Ecuador, se une en Centroamérica y llega  hasta la frontera con Estados Unidos. “A ellos nos les importa la vida de los paisanos, sino el dinero y cuidar su propia vida”, puntualizó.

 Actualmente, Gavilanes tiene todos sus documentos como ciudadano estadounidense, al igual que sus hijos, “pero añoro mi tierra y cada vez que puedo viajo”, expresó con melancolía. “Voy a Cuenca y veo cómo se ha transformado, cuánto ha cambiado y cómo se va convirtiendo en una metrópoli”, indicó Gavilanes.

La migración en un inicio estaba dirigida al sector campesino

Para el catedrático universitario José Astudillo, quien está vinculado a la movilidad en el Austro, hoy no solo son los jóvenes los que quieren migrar, sino también profesionales que no han conseguido trabajo en el país. Según el académico, en los años 80 los ecuatorianos, en particular los azuayos, migraban ya cuando eran adultos y provenían de los sectores campesinos.

A finales de los año 90, la migración cambió y fueron los sectores medio y de la ciudad quienes viajaban, esto debido a la recesión económica que se produjo. “Estas oleadas, estos movimientos migratorios también dejan ver el abandono de los hogares”, comentó el estudioso y enfatizó que ahora ya se puede hablar de una segunda y tercera generación de ciudadanos que van a Estados Unidos.

“Existen allá personas, cuyos hijos quedaron muy pequeños y ahora ellos tienen su mirada puesta en la reunificación familiar. “Es muy difícil detener estas olas migratorias de los azuayos”, finalizó Astudillo. (I)

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